La reivindicación del post parto

Escribo esto porque necesito reivindicar la etapa del post parto, de verdad, es justo y necesario. Cuando quedé embarazada, no hubo persona que no me entregara sus “consejos” con el fin de “prepararme” para esta “terrible” etapa que venía con la maternidad. Escuché de todo y me preparé para lo peor.

Sobre el post parto me dijeron que no iba a aguantar los dolores tanto si era cesarea como parto normal, que me iba a costar mucho recuperar mi peso y que la piel de mi estómago iba a quedar muy suelta. Sobre la lactancia me hablaron pesadillas, que era terrible, que se rompían los pezones, que la famosa bajada de la leche era insufrible, que se te caía el pelo, que la guagua iba a pasar pegada a la pechuga y que me preparara para los cólicos que garantizaban por lo menos 3 horas de llanto seguido. Sobre el dormir me contaban que nunca más en mi vida iba a poder conciliar el sueño, ya que necesitaría estar mirando siempre a mi guagua, que no dormiría nunca más de 2 horas seguidas y que andaría como zombie por lo menos los 3 primeros meses. Sobre las salidas me decían que me olvidara, que el primer mes tendría que estar solo en la casa y no iba a poder salir, ni sola, ni con la niña, por lo que el encierro en casa era mi panorama garantizado durante los primeros meses. Sobre las visitas practicamente me las prohibieron, que no recibiera a nadie porque podían contagiar a mi hija y que lo mejor era estar solos durante el primer tiempo.

Con todas estas advertencias, por supuesto que me preparé para enfrentar “lo peor”. Sin embargo, mi sorpresa fue mayúscula cuando llegó mi hija a este mundo y me fui dando cuenta que la maternidad no era tan terrible como me la habían pintado.

Por supuesto no es una etapa fácil, pero de verdad encuentro que el boca a boca que se hace no le hace justicia a lo hermoso que es este momento de la vida y, finalmente, se quedan con lo malo en vez de difundir lo bueno y maravilloso que es la maternidad.

Entiendo de todas maneras que hay casos en los cuales les toca muy duro a las mamás porque sus guaguas son inquietas, o se enferman a los pocos días, o les cuesta conciliar el sueño, o no se pueden acoplar bien a la mama para alimentarse o, simplemente, necesitan más de sus madres y eso las hace más demandantes o, en el peor de los casos, vienen con alguna enfermedad. Motivos para hacerle una mala reputación al post parto ¡hay miles! pero lo importante es saber que la maternidad es infinitamente más que eso.

Y aunque suene de perogrullo y empalagosamente cliché, ser madre es lo más hermoso que te puede pasar en la vida. Creo que la fuerza y amor que te transmite un hijo cuando lo tienes en tus brazos, es capaz de movilizar-te en pos de cualquier cosa que te propongas en la vida. Y para que decir cuando te miran o sonríen y el amor se desborda de tu corazón hasta sacarte lagrimas (por primera vez en mi vida he llorado de amor). Esa sensación hace que se olviden todas esas noches de desvelo, de incertidumbres y de miedos y que cualquier esfuerzo valga la pena.

De verdad el post parto no tiene nada de terrible, en serio que no. Por eso las invito a vivir este proceso con esa seguridad y les prometo que eso hará que todo fluya y sea más fácil. Yo descubrí que cuando uno actúa de manera segura como mamá, todo estará bien, porque finalmente quién más que una sabe que es lo mejor para su hijo o que necesita para estar bien. Conéctense con sus instintos maternos y no escuchen tanta teoría ni experiencia, les prometo que todas las respuestas están en su corazón. Y si me permiten un consejo, creo que el único que les daría es que nunca olviden que “mamá feliz = hijo feliz” y se los juro que eso no puede ser más cierto.

Y ustedes amigas ¿cómo han vivido la maternidad?

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